domingo, 21 de junio de 2020

¡ LLEGÓ EL INVIERNO !



QUE FRESQUETE QUE EMPEZÓ A HACER,  Y PARA COMBATIRLO TE INVITAMOS A CONOCER ESTE HERMOSO CUENTO Ó CANCIÓN DE MARÍA ELENA WALSH.

Había una vez un señor todo de nieve. Se llamaba Don Fresquete.
¿Este señor blanco había caído de la luna? –No.
¿Se había escapado de una heladería? –No, no, no.
Simplemente, lo habían fabricado los chicos, durante toda la tarde, poniendo bolita de nieve sobre bolita de nieve.
A las pocas horas, el montón de nieve se había convertido en Don Fresquete.
Y los chicos lo festejaron, bailando a su alrededor. Como hacían mucho escándalo, una abuela se asomó a la puerta para ver qué pasaba.
Y los chicos estaban cantando una canción que decía así:

“Se ha marchado Don Fresquete a volar en barrilete.”

Como todo el mundo sabe, los señores de nieve suelen quedarse quietitos en su lugar.
Como no tienen piernas, no saben caminar ni correr. Pero parece que Don Fresquete resultó ser un señor de nieve muy distinto.
Muy sinvergüenza, sí señor.
A la mañana siguiente, cuando los chicos se levantaron, corrieron a la ventana para decirle buenos días, pero...
¡Don Fresquete había desaparecido!
En el suelo, escrito con un dedo sobre la nieve, había un mensaje que decía:

“Se ha marchado Don Fresquete a volar en barrilete.”

Los chicos miraron hacia arriba y alcanzaron a ver, allá muy lejos, a Don Fresquete que volaba tan campante, prendido de la cola de un barrilete.
De repente parecía un ángel y de repente parecía una nube gorda.
¡Buen viaje, Don Fresquete!



miércoles, 17 de junio de 2020

¿CÓMO SERÍA VOLVERSE INVISIBLE SÓLO POR UN RATITO?


Un divertido cuento para disfrutar desde casa.  
¡Te invitamos a disfrutarlo!






BIOGRAFÍA DE GRACIELA MONTES. CLICK AQUÍ.

viernes, 12 de junio de 2020

QUEREMOS COMPARTIR CON USTEDES ESTA OBRA DE ANTHONY BROWNE




Conociendo algunos datos del autor. 

BROWNE, Anthony
Ilustrador inglés. 1946-. Nació en Sheffield. Estudió Diseño Gráfico en Leeds. Fue ilustrador médico antes de dedicarse a los libros infantiles y juveniles. Aunque también ha puesto imágenes a textos de otros, como a En las nubes, de Ian McEwan, es sobre todo autor de álbumes. Sus ilustraciones, originales y sugerentes, funcionan bien a distintos niveles: de la broma simple, de la referencia cultural, de la intención de fondo. Premio Andersen 2000.



“RAMÓN PREOCUPÓN”
A Ramón le preocupan muchas cosas, especialmente cuando se acuesta y no duerme bien. Sus padres intentan tranquilizarle. Su abuela le da la solución: unos muñecos quitapesares que deja debajo de la almohada y a los que carga con sus preocupaciones. Pero...






CUENTO



Entrevista al autor




MÁS INFORMACIÓN CLICK AQUÍ.

miércoles, 10 de junio de 2020

HABLANDO UN POQUITO DE LAS PARTES DEL LIBRO

En esta oportunidad les hacemos una breve descripción de las partes del libro.
Nosotros tenemos un cuerpo y el libro también…



viernes, 29 de mayo de 2020

"LA PLAPLA"

Como ya hemos mencionado a lo largo de este año nos dedicaremos especialmente a la querida autora María Elena Walsh entre otras actividades y autores que también se ven en el blog de nuestra biblio.


En esta ocasión escucharemos este hermoso cuento narrado intitulado. “LA PLAPLA”




De "Cantando y contando a María Elena Walsh"

Este cuento pertenece al libro.






miércoles, 27 de mayo de 2020

"SECRETO DE FAMILIA"


TODOS TENEMOS UN "SECRETO"...

EN ESTE TIEMPO EN QUE ESTAMOS EN CASA EN FAMILIA, TE INVITAMOS  A QUE NOS CUENTES EL TUYO.

COMPARTIMOS ESTA DIVERTIDA HISTORIA DE ISOL, CONTADA POR SU PROPIA AUTORA.





martes, 19 de mayo de 2020

"El país de la geometría"



Había una vez un amplio país blanco de papel.

El Rey de este país era el Compás. ¿Por qué no?

El Compás. Aquí viene caminando con sus dos patitas flacas: una pincha y la otra no.

Jo jo jo jo jó,
una pincha y la otra no.


El Rey Compás vivía en un gran palacio de cartulina en forma de icosaedro, con dieciocho ventanitas.

Cualquiera de nosotros estaría contento en un palacio así, pero el Rey Compás no. Estaba siempre triste y preocupado.

Porque para ser feliz y rey completo le faltaba encontrar a la famosa Flor Redonda.

Jo jo jo jo jó,
sin la Flor Redonda no.


El Rey Compás tenía un poderoso ejército de Rombos, una guardia de vistosos Triángulos, un escuadrón policial de forzudos Trapecios, un sindicato de elegantes Líneas Rectas, pero... le faltaba lo principal: ser dueño de la famosa Flor Redonda.



El Rey había plantado dos Verticales Paralelas en el patio, que le servían de atalaya. Las Paralelas crecían, crecían, crecían...

Muchas veces el Rey trepaba a ellas para otear el horizonte y ver si alguien le traía la Flor, pero no.

Había mandado cientos de expediciones en su búsqueda y nadie había podido encontrarla.

Un día el Capitán de los Rombos le preguntó:

—¿Y para qué sirve esa flor, señor Rey?

—¡Tonto, retonto! —tronó el Rey—. ¡Solamente los tontos retontos preguntan para qué sirve una flor! El Capitán Rombo, con miedo de que el Rey lo pinchara, salió despacito y de perfil por el marco de la puerta.

Otro día el Comandante de los Triángulos le preguntó:

—Hemos recorrido todos los ángulos de la comarca sin encontrarla, señor Rey. Casi creemos que no existe. ¿Puedo preguntarle para qué sirve esa flor?

—¡Tonto, retonto! —tronó el Rey—. ¡Solamente los tontos retontos preguntan para qué sirve una flor! El Comandante de los Triángulos, temeroso de que el Rey lo pinchara, salió despacito y de perfil por una de las dieciocho ventanas del palacio.

Otra tarde la Secretaria del sindicato de Líneas Rectas se presentó ante el Rey y tuvo la imprudencia de decirle:

—¿No le gustaría conseguir otra cosa más útil, señor Rey? Porque al fin y al cabo, ¿para qué sirve una flor?

—¡Tonta, retonta! —tronó el Rey—. ¡Solamente las tontas retontas preguntan para qué sirve una flor! La pobre señorita Línea, temerosa de que el Rey la pinchara, se escurrió por un agujerito del piso.

Poco después llegaron los Trapecios, maltrechos y melancólicos después de una larga expedición.

—¿Y? ¿Encontraron a la Flor Redonda? —les preguntó el Rey, impaciente.

—Ni rastros, Majestad.

—¿Y qué diablos encontraron?

—Cubitos de hielo, tres dados, una regla y una cajita.

—¡Harrrto! ¡Estoy harrrto de ángulos y rectas y puntos! ¡Sois todos unos cuadrados! (Este insulto ofendió mucho a los Trapecios).

—¡Estoy harrrto y amarrrgado! ¡Quiero encontrar a la famosa Flor Redonda!

Y todos tuvieron que corear la canción que ya era el himno de la comarca:

Jo jo jo jo jó,
sin la flor redonda no.


Los súbditos del Rey, para distraerlo, decidieron organizar un partido de fútbol.

Las tribunas estaban llenas de Puntos alborotados.

Los Rombos desafiaban a los Triángulos.

En fin, ganaron los Triángulos por 1 a 0 (mérito singular si se tiene en cuenta que la pelota era un cubo).

El Capitán de los Rombos fue a llorar su derrota en un rincón.

El Comandante de los Triángulos, cansado y victorioso, se acercó al Rey:

—¿Y? ¿Le gustó el partido, Majestad?

—¡Bah, bah!... —dijo el Rey, distraído, siempre con su idea fija—. No perdamos tiempo con partidos; mañana salimos todos de expedición.

—¿Mañana? Pero estamos muy cansados, señor Rey. El partido duró siete horas; usted no sabe cómo cansa jugar con una pelota en forma de cubo.

—Tonto, retonto, mañana partimos.

A la mañana tempranito el Rey pasó revista a sus tropas. Había decidido salir él mismo a la cabeza de la expedición. Rombos, Cuadrados, Triángulos, Trapecios y Líneas Rectas y Quebradas formaban fila, muertos de sueño y escoltados por unos cuantos Puntos enrolados como voluntarios.

Allá se van todos, en busca de la famosa, misteriosa y caprichosa Flor Redonda.

La expedición del Rey Compás atravesó páginas y cuadernos desolados, ríos de tinta china, espesas selvas de viruta de lápiz, cordilleras de gomas de borrar, buscando, siempre buscando a la dichosa flor.

Registraron todos los ángulos, todos los rincones, todos los vericuetos, bajo el viento, la lluvia, el granizo y la resolana.

—Me doy por vencido —dijo por fin el Rey. Quizás ustedes tenían razón y la dichosa Flor Redonda no exista. Quizá no eran tan retontos como yo pensaba. Volvamos a casita.

Cuando volvieron, el Rey se encerró en su cuarto, espantosamente triste y amargado.

Al rato entró la señora Línea a llevarle la sopita de tiza y se preocupó mucho al verlo tan triste.

—Señor Rey —le dijo para consolarlo—, ¿no sabe usted que siempre es mejor cantar y bailar que amargarse?

Cuando la señorita Línea se hubo deslizado por debajo de la puerta, el Rey, que no era sordo a los consejos, dijo:

—Y bueno, probemos: la la la la...

Y cantó y bailó un poquito.

Bailando, bailando, bailando, descubrió sorprendido que había dibujado una hermosa Flor Redonda sobre el piso de su cuarto.

Y siguió bailando hasta dibujar flores y más flores redondas que pronto se convirtieron en un jardín.


Jo jo jo jo jó,
y la Flor la dibujó.

FIN

EL DIABLO INGLÉS
María Elena Walsh
Ilustración de Douglas Wright
Editorial ALFAGUARA


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